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29 julio 2014 2 29 /07 /julio /2014 18:08

            Saludos a todos los aficionados al ciclismo en la muy variadas versiones de esta apasionante actividad, ya sea para el transporte urbano, ciclotúrismo, competición, etc… Mi nombre es Jose y quiero compartir con vosotros la ruta ciclotúrista que junto a mi mujer he realizado por Bélgica y Holanda. Hace ya varios años se me incrustó la afición por este tipo de viajes, pues une dos de mis principales aficiones, viajar y el ciclismo, y biciclear por estos dos países era una tentación difícil de reprimir y que venía varios años rondándome por la cabeza. La ruta empezó en Bruselas y termino nueve días después en Amsterdam, pasando por ciudades de sobra conocidas y por otras no tanto, que solo he conocido a raíz de este viaje, como Gante, Brujas, Damme, Sluis, Breskens, Vlissingen, Middelburg, Rossendal, Bergen op zoom, Goes, Breda, Rotterdam, La Haya, Leiden, Amsterdam y alguna más que se me quedará en el tintero.

    securedownload-1-.jpg        La planificación de este viaje, al igual que cualquier otro, empezó varios meses atrás. Decidir la etapas, teniendo en cuenta la ciudades que eran de visita obligada, el kilometraje, los caminos y carreteras que nos llevarían a nuestro destino, el alojamiento, la compra de billetes de avión, traslado de nuestras propias bicis, la documentación recomendanda, fue una tarea que empezó cuatro meses antes. Para este tipo de viaje, ciclotúrista, además de lo normal de la bicicleta, añadimos a nuestro equipaje ropa impermeable tanto de ciclista como de paseo, ropa de entretiempo, por el clima propio de Centroeuropa, más fresco que el de Andalucia, así como la tarjeta sanitaria europea y una tarjeta bancaria recargable por las ventajas que suponían ambas.

            Ya en plena ruta, tengo que contaros que el recorrido empezó en el mismo aeropuerto de Bruselas. Después de recoger nuestras bicicletas, en un apartado de un pasillo nos dispusimos a montarlas y ponernos la indumentaria propia de ciclista. El recorrido transcurrió por pequeñas poblaciones intermedias hasta la ciudad, hasta que después de unos 25 kilometros llegamos a nuestro destino, un hotel céntrico que ya teníamos reservado. Llegar hasta él fue gracias a las indicaciones de los peatones y taxistas. Desde ese primer día fue relevante que ni un solo conductor con los que compartimos carretera nos hiciera un mal gesto o una pitada por la molestia de tener que circular despacio detrás nuestra. Después de asearnos y descansar, nos dispusimos a conocer la ciudad. Visitas obligadas de Bruselas son el Atomiun y su Grote Mark, asi como su gastronomía, el paraíso para los cerveceros como yo.

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            El día siguiente amaneció con una lluvia suave pero pertinaz que nos acompañó durante casi toda la jornada. Salir de una ciudad como Bruselas nos llevó casi una hora y media. Gracias a las indicaciones de los viandantes conseguimos coger una carretera dirección Gante. Ya avanzada la jornada, cuando ya habíamos pedaleado unos 30 kilómetros, vimos una señal de tráfico que indicaba “Bruselas 18 Kms”, o sea, que habíamos dado un rodeo considerable. Cuando ya nos aseguramos la ruta correcta, avanzamos hasta la ciudad de Aalt, punto intermedio entre Bruselas y Gante. Ya en Aalt, teniendo en cuenta los kilómetros que nos faltaba y el hándicap de haber tenido que biciclear bajo la lluvia, decidimos coger el tren que nos llevaría hasta nuestro destino. Ya en Gante, callejear en bici hasta encontrar alojamiento nos sirvió para apreciar la belleza de la ciudad; su casco antiguo aunque pequeño es muy bonito.

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            Para la siguiente jornada que nos llevaría desde Gante hasta Brujas optamos por comprar un mapa especifico con los carriles bici que unian ambas localidades. El día volvió a amanecer lloviendo, también de manera suave pero esta vez con el añadido del enemigo íntimo de los ciclistas, el viento, pero no había elección. La red de carriles bici hasta Brujas transcurría por unos caminos numerados gracias a los cuales era casi imposible perderse. Almorzamos en una localidad de la cual no recuerdo el nombre, pero lo que si recuerdo es que cuando reiniciamos el pedaleo pinché la rueda trasera, con el consiguiente retraso que supuso la sustitución de la cámara. Debido a este retraso y a la incomodidad que suponía la lluvia optamos por volver a coger el tren en la “localidad” de Mariaalter para terminar los 25 kilómetros que nos separaba de Brujas. Una vez allí, lo primero que vimos fue a los bomberos asegurando el voladizo de una marquesina de la estación central de ferrocarriles; con esto os podeis hacer una idea de las condiciones climatológicas que tuvimos que afrontar. En el primer hotel que vimos, preguntamos precio y decidimos quedarnos. Ya una vez aseados y descansados visitamos su casco histórico que se puede describir con una sola palabra: ESPECTACULAR. Fue al día siguiente por la mañana, ya sin lluvia, cuando pudimos apreciar su belleza en toda su magnitud.

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La nueva jornada nos llevaría a Middelburg, ya en Holanda. Poder pedalear sin la lluvia fue una ventaja que agradecimos. Salir de Brujas fue fácil y rápido. En apenas 20 kilometros estábamos en la localidad de Damme y con otros 10 ya estábamos en Sluis, primera localidad holandesa que pisamos, sin darnos cuenta de haber salido de un país y entrado en otro. Sumando kilómetros llegamos hasta Breskens, donde debíamos de coger un ferry que nos trasladó hasta Vlissingen. En esta embarcación fue donde pudimos apreciar de manera palpable las facilidades de movilidad que se les ofrece a los ciclistas, pues la bodega del ferry estaba acondicionada para las bicicletas y ciclomotores. Nuestra etapa concluía en la vecina localidad de Middelburg. Al ser este nuestro primer día en tierras holandesas pudimos constatar de primera mano la infraestructura y reglamentación entorno a la bicicleta; por ejemplo, los ciclomotores están autorizados a circular por los carriles bici, algo que me sorprendió muy mucho, o los puentes giratorios de uso exclusivo para ciclistas.

El día siguiente nos llevó hasta Bergen op zoom. Este día fue cuando nos dimos cuenta que los caminos que nos indicaba el mapa, aunque eran de uso exclusivo para bicicletas iba trazando un camino zigzagueante. Nos arriesgamos a prescindir de los mapas y guiarnos por las indicaciones ubicadas a pie de carretera, pues allí casi todas las carreteras nacionales tienen adosadas un carril bici.

Ya en Bergen op zoom, callejeando por la ciudad, entramos en una tienda de bicicletas donde me quede sorprendido de la cantidad de accesorios que allí se ofertaban. El que más me sorprendió fue un bidón para líquidos, como los que todos conocemos pero mucho más grande, pero con la particularidad que tenía un pequeño sistema eléctrico que lo mantenía frio o caliente gracias a la electricidad generada por el giro de los piñones y platos.

            La siguiente jornada nos llevó hasta la localidad de Breda, famosa aquí en España por el cuadro La rendición de Breda. La ciudad de Breda aunque mediana, tenía una animación por su calles bastante considerable de la que daba constancia sus bares y restaurantes. Al día siguiente llegamos a Rotterdam, quizás la segunda o tercera ciudad más importante del país. Durante la Segunda Guerra Mundial esta ciudad fue objeto de constantes bombardeos que la dejaron como una montaña de escombros, es por eso que en la actualidad no cuenta con un casco histórico como la mayoría de ciudades holandesas, la mayoría de sus edificios son rascacielos acristalados.

            Al día siguiente alcanzamos la ciudad de La Haya, capital administrativa del país y sede del gobierno. La Haya aunque es una ciudad bonita y agradable de pasear no es una ciudad enfocada al turismo, aunque no por ello esta falta de oferta hotelera o de restauración.

               La última jornada nos llevó hasta Amsterdam, ciudad con vocación ciclista por antonomasia con sus interminables kilómetros de carriles bici que te llevan a casi cualquier rincón de la ciudad. Guiados por la experiencia de Bruselas, la entrada en una ciudad de la magnitud de Amsterdan decidimos hacerla en tren desde la localidad inmediatamente anterior, ello nos ahorraría bastantes minutos de pedaleo y posibles desorientaciones buscando el hotel que ya teníamos reservado. Si a lo largo del país resultaba llamativo la cantidad de personas que hacen uso diario de la bicicleta, en Amsterdam resulta abrumador. Bicicletas por todos lados, más que coches, de todos los tipos, llevadas por personas de todas las edades, sexos, con todo tipo de vestimentas, deportiva, de trabajo, para salir de copas, etc… Ni que decir tiene de la belleza de la ciudad, con sus canales y casas típicas con fachadas en forma de triángulo y muchas de ellas ladeadas, sus parques y museos, merece mención especial el museo Van Gogh.

 

 

            El recorrer Bélgica y Holanda en bicicleta ha sido una oportunidad única de disfrutar de una actividad, el cicloturismo, que hace tiempo me enganchó. Disfrutar de un terreno completamente llano que te posibilita llegar a tu meta sin grandes esfuerzos, disfrutar de unos bellos paisajes que por ser diferentes son doblemente bellos, con sus molinos y grandes canales para el transporte de mercancías, y además acompañando de mi mujer, que por primera vez me ha acompañado en uno de estos viajes cicloturistas. Debido a mi uso diario de la bicicleta este viaje no ha supuesto un esfuerzo físico como rutas anteriores, pero tengo que reconocer que sí supuso una prueba de resistencia y superación para mi mujer que no hace uso de la bicicleta de manera tan continuada; me sorprendia su disciplina a la hora de tomarse un descanso cada equis kilómetros y no antes a pesar de sus persistentes molestias en sus posaderas, molestias que casi todos los ciclistas tenemos sino antes o después de ciertos kilómetros. Es por ello que le tengo que agradecer su disciplina y esfuerzo para alcanzar con buen fin este viaje que nos ha llevado a recorrer algo más de 400 kilómetros entre las ciudades de Bélgica y Bruselas.

 

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            Al igual que mi mujer y yo, el mismo día y del mismo aeropuerto salió un avión con casi 300 personas a bordo para disfrutar de sus vacaciones en otro lugar del mundo. Trescientas personas que muy seguramente me las cruce por los pasillos del aeropuerto de Schiphol. Ese avión fue derribado de manera intencionada por un misil desde tierra y trescientas personas perdieron la vida por algún motivo injustificable. Desde aquí quiero rendirles mi anónimo recuerdo hacia ellas.

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Published by huelvaenbicicleta
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Comentarios

no 07/29/2014 23:12

Gracias por compartir su viaje.

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